Cuando se habla del jonrón más largo en la historia del béisbol, la mayoría piensa inmediatamente en nombres como Mickey Mantle, Babe Ruth, Mark McGwire o Barry Bonds.
Sin embargo, uno de los batazos más impresionantes jamás documentados no ocurrió en las Grandes Ligas. Su protagonista fue un pelotero de Ligas Menores llamado Gil Carter, quien habría enviado una pelota a una distancia estimada de 733 pies, equivalentes a aproximadamente 223 metros.
La historia parece sacada de una película, pero ocurrió el 11 de agosto de 1959 en Carlsbad, Nuevo México.
El legendario jonrón de Mickey Mantle
Antes de conocer la historia de Carter, es necesario mencionar el famoso cuadrangular de Mickey Mantle contra los Washington Senators.
El 17 de abril de 1953, Mantle conectó en el Griffith Stadium un batazo cuya distancia fue calculada originalmente en 565 pies. Aquella conexión se convirtió en una de las más famosas de todos los tiempos y ayudó a popularizar la expresión inglesa tape-measure home run, utilizada para describir los cuadrangulares que deben ser medidos por su extraordinaria distancia.
La pelota salió del estadio y terminó en una propiedad cercana. Sin embargo, los métodos empleados para establecer la distancia no fueron tan precisos como los utilizados actualmente. Algunos análisis posteriores han calculado que el batazo posiblemente recorrió menos de los 565 pies anunciados originalmente.
Aun así, permanece como uno de los jonrones más impresionantes y recordados en la historia de las Grandes Ligas.
Pero existe otro batazo cuya distancia estimada fue todavía mayor.
Gil Carter y el jonrón de 733 pies
El 11 de agosto de 1959, los Carlsbad Potashers se enfrentaron al conjunto de Odessa en el Montgomery Field de Carlsbad, Nuevo México.
Gil Carter, un poderoso jugador perteneciente al sistema de los Chicago Cubs, encontró un lanzamiento del derecho Wayne Schaper y realizó un contacto extraordinario.
La pelota salió por el jardín izquierdo, pasó muy por encima de la estructura ubicada detrás de la cerca y desapareció en la oscuridad de la noche.
Los presentes comprendieron inmediatamente que habían presenciado algo fuera de lo común. Sin embargo, debido a que se trataba de un partido nocturno y no existía la tecnología moderna para seguir la trayectoria de la pelota, nadie pudo determinar en ese instante dónde había terminado.
La respuesta llegaría al día siguiente.
Una pelota encontrada junto a un árbol
Una residente de la zona informó que había encontrado una pelota de béisbol cerca de un árbol en su propiedad, situada a una distancia extraordinaria del estadio.
Según la historia, la pelota habría golpeado el árbol antes de caer al suelo. El hallazgo llamó la atención de Charlie Montgomery, propietario del equipo y una persona que conocía perfectamente las dimensiones del estadio y los terrenos cercanos.
Montgomery comenzó entonces el proceso de reconstruir la trayectoria y calcular la distancia recorrida por el batazo.
Para realizar el estudio se utilizaron planos de la zona, las dimensiones conocidas del Montgomery Field y fotografías aéreas. El objetivo era establecer la distancia entre el plato y el lugar donde había aparecido la pelota.
La cifra que terminó entrando en la historia fue sencillamente increíble: 733 pies.
¿Realmente recorrió 733 pies?
Aquí es importante colocar la historia en su contexto.
En 1959 no existían Statcast, radares de salida, cámaras de alta velocidad ni sistemas electrónicos capaces de registrar con precisión la velocidad, el ángulo y la trayectoria de una pelota.
La distancia del jonrón de Carter fue reconstruida después del partido mediante fotografías aéreas, mapas y el lugar donde presuntamente apareció la pelota. Investigaciones posteriores, incluida una publicada por la Society for American Baseball Research, han señalado que el batazo pudo recorrer aproximadamente entre 650 y 730 pies.
Por esa razón, lo más correcto es describirlo como el jonrón más largo reportado o uno de los batazos más largos de los que se tiene documentación histórica.
Incluso tomando el extremo inferior de esa estimación, continuaríamos hablando de una conexión extraordinaria y muy superior a las distancias que normalmente vemos en el béisbol profesional.
La altura y el viento ayudaron al batazo
El histórico cuadrangular también contó con condiciones atmosféricas favorables.
Carlsbad se encuentra a una elevación superior a los 3,000 pies sobre el nivel del mar. A mayor altitud, el aire es menos denso y genera menor resistencia sobre la pelota, permitiéndole viajar más lejos.
Este es el mismo principio que convierte al Coors Field de Colorado en uno de los estadios más favorables para los bateadores en las Grandes Ligas.
Además de la elevación, diferentes relatos indican que el viento soplaba en dirección favorable. La combinación de la altitud, el viento y la enorme fuerza física de Carter creó las condiciones necesarias para producir un batazo irrepetible.
¿Quién fue Gil Carter?
Gil Carter fue mucho más que el protagonista de una leyenda.
Antes y durante su carrera en el béisbol se destacó por su extraordinaria fortaleza física. Había practicado boxeo amateur y también jugó fútbol americano durante su juventud.
En 1959 pertenecía a los Carlsbad Potashers, equipo de una liga de clasificación baja dentro del sistema de Ligas Menores. Ese año encabezó el circuito con 34 cuadrangulares, demostrando que su poder no se limitó exclusivamente al famoso batazo contra Odessa.
Carter nunca consiguió establecerse en las Grandes Ligas, pero logró algo que muy pocos peloteros pueden reclamar: dejar su nombre unido para siempre a uno de los cuadrangulares más descomunales en la historia del deporte.
Entonces, ¿cuál ha sido el jonrón más largo de la historia?
Si hablamos exclusivamente de las Grandes Ligas, el jonrón de Mickey Mantle en 1953 continúa siendo una de las principales referencias históricas, aunque su distancia exacta todavía genera debate.
Si incluimos todo el béisbol profesional, el batazo conectado por Gil Carter el 11 de agosto de 1959 aparece como el jonrón más largo reportado, con una distancia tradicionalmente citada de 733 pies.
Nunca podremos comprobar aquella cifra con la precisión de la tecnología moderna. No obstante, los testimonios, las fotografías aéreas y el proceso de reconstrucción realizado después del encuentro convirtieron aquella pelota perdida en la noche de Nuevo México en una de las grandes leyendas del béisbol.
Gil Carter no llegó a las Grandes Ligas, pero consiguió que el mundo del béisbol jamás olvidara su nombre.
