Peloteros con discapacidades que hicieron historia en las Grandes Ligas

By Alfredo Alvarez Terras

A continuación les presentamos un documental muy especial sobre varios jugadores que, en diferentes momentos de la historia del béisbol, tuvieron que enfrentar discapacidades, amputaciones, accidentes y otras limitaciones físicas. Algunos perdieron una extremidad. Otros…

Jim Abbott, Pete Gray y otros peloteros con discapacidades que jugaron en las Grandes Ligas

A continuación les presentamos un documental muy especial sobre varios jugadores que, en diferentes momentos de la historia del béisbol, tuvieron que enfrentar discapacidades, amputaciones, accidentes y otras limitaciones físicas.

Algunos perdieron una extremidad. Otros nacieron sin una mano o no podían escuchar. También hubo quienes sufrieron heridas tan graves que los médicos consideraron prácticamente imposible que volvieran a caminar con normalidad, mucho menos competir como atletas profesionales.

Sin embargo, todos supieron imponerse a las circunstancias y demostrar que, para Dios y para quienes están dispuestos a luchar por sus sueños, nada es imposible.

Estas historias van mucho más allá del mundo de las bolas y los strikes. Son ejemplos de constancia, perseverancia, disciplina y entrega. Sus protagonistas no querían ser tratados con lástima ni recordados únicamente por sus condiciones físicas. Querían ser reconocidos como lo que verdaderamente fueron: peloteros.

Disfruten este recorrido por las vidas de varios atletas extraordinarios que superaron obstáculos enormes para alcanzar el objetivo máximo: jugar en el béisbol de las Grandes Ligas.

Pete Gray, la maravilla de un solo brazo

Comenzamos con Pete Gray, conocido como The One-Armed Wonder, la maravilla de un solo brazo.

Gray perdió el brazo derecho a los seis años cuando sufrió un accidente con un camión. Antes del suceso había sido derecho, por lo que tuvo que aprender a realizar prácticamente todas sus actividades con la mano izquierda.

Pero nunca abandonó su sueño de convertirse en jugador profesional.

Para defender, atrapaba la pelota con un guante colocado en su mano izquierda. Inmediatamente aseguraba la bola contra su cuerpo, soltaba el guante y realizaba el tiro con la misma mano. Mediante horas de práctica consiguió completar aquel movimiento con una velocidad impresionante.

Después de destacarse en las Ligas Menores, Gray llegó a las Grandes Ligas en 1945 con los St. Louis Browns. Participó en 77 encuentros y bateó para .218, con 51 imparables, seis dobles, dos triples y seis bases robadas.

Aunque solamente permaneció una temporada en la Gran Carpa, su presencia produjo un impacto que fue mucho más allá de sus estadísticas.

Estados Unidos atravesaba los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial y miles de soldados regresaban a sus hogares con amputaciones y otras heridas permanentes. Ver a Pete Gray jugando en las Mayores representó una fuente de esperanza para muchas de aquellas personas.

El propio Gray nunca quiso ser considerado un acto publicitario ni recibir un trato diferente. Deseaba demostrar que merecía su oportunidad por su capacidad como pelotero.

En 1944, antes de llegar a MLB, había bateado .333 con 68 bases robadas para los Memphis Chickasaws. Ese desempeño, y no solamente su historia personal, le abrió las puertas de las Grandes Ligas.

Bert Shepard, un lanzador con una pierna artificial

La siguiente historia pertenece a Bert Shepard, un lanzador zurdo que perdió la parte inferior de la pierna derecha durante la Segunda Guerra Mundial.

Shepard había jugado en las Ligas Menores antes de incorporarse al ejército. El 21 de mayo de 1944, el avión P-38 que pilotaba fue derribado durante una misión sobre Alemania.

Resultó herido y fue capturado. Un médico alemán tuvo que amputarle la pierna derecha por debajo de la rodilla para salvarle la vida. Mientras permanecía prisionero de guerra, Shepard comenzó a adaptarse a una prótesis rudimentaria e incluso volvió a lanzar utilizando una pelota de cricket.

Después de regresar a Estados Unidos recibió una nueva prótesis en el Walter Reed Hospital y consiguió una oportunidad con los Washington Senators.

El 4 de agosto de 1945, Shepard entró como relevista contra los Boston Red Sox. Washington perdía 14-2 cuando subió al montículo con dos outs en la cuarta entrada.

Su primera acción fue ponchar a George “Catfish” Metkovich para terminar el episodio.

Shepard lanzó cinco entradas y un tercio, permitió solamente tres imparables, una base por bolas y una carrera. Ponchó a dos bateadores en la que terminó siendo su única aparición en las Grandes Ligas.

Todavía permanece como el único jugador en la historia de MLB que participó en un partido utilizando una pierna artificial.

Después de aquella presentación visitó hospitales militares y trabajó para animar a otros veteranos que intentaban reconstruir sus vidas. Su paso por las Mayores duró solamente un juego, pero su ejemplo continúa vivo muchas décadas después.

Mordecai “Three Finger” Brown y una curva casi imposible

Mordecai Peter Centennial Brown, conocido como Three Finger Brown, fue lanzador y también mánager durante las primeras dos décadas del siglo XX.

Cuando tenía alrededor de cinco años, Brown sufrió un accidente con una maquinaria agrícola. Perdió parte del dedo índice de la mano derecha y posteriormente se lastimó los demás dedos de esa misma mano durante una caída.

Los huesos cicatrizaron en posiciones irregulares y su mano quedó deformada permanentemente.

Lo que parecía una dificultad insuperable terminó contribuyendo a convertirlo en uno de los lanzadores más dominantes de su época. Brown aprendió a sujetar la pelota de una manera particular, produciendo una curva con un movimiento descendente extremadamente difícil de conectar.

Incluso Ty Cobb describió aquel lanzamiento como uno de los más engañosos y devastadores que había enfrentado.

Brown consiguió 239 victorias, registró 1,375 ponches, completó 271 juegos y lanzó 55 blanqueadas. Su efectividad de por vida fue de apenas 2.06.

Con los Chicago Cubs ganó las Series Mundiales de 1907 y 1908. Fue precisamente el relevista ganador en el partido repetido contra los New York Giants que decidió el campeonato de 1908 después de la famosa “Tontería de Merkle”.

Mordecai Brown convirtió la forma particular de su mano en una característica de su repertorio. Su extraordinaria carrera fue reconocida con la exaltación al Salón de la Fama de Cooperstown en 1949.

Jim Abbott: un juego sin hits con los Yankees

Para generaciones más recientes, quizás el nombre más conocido de esta lista sea el de Jim Abbott.

Abbott nació sin la mano derecha, pero desde niño desarrolló un método extraordinario para lanzar y defender. Colocaba el guante sobre el extremo de su brazo derecho. Después de realizar el lanzamiento, introducía rápidamente la mano izquierda en el guante para quedar preparado ante cualquier batazo.

Cuando atrapaba una pelota, aseguraba el guante contra su cuerpo, retiraba la mano y realizaba el tiro. La maniobra ocurría con tanta rapidez que parecía formar parte natural de su mecánica.

Antes de llegar al profesionalismo fue una estrella de la Universidad de Michigan y ayudó a Estados Unidos a ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, cuando el béisbol todavía era un deporte de demostración.

Los California Angels lo seleccionaron con la octava elección del Draft de 1988. Abbott llegó directamente a las Grandes Ligas al año siguiente sin disputar previamente un solo encuentro de Ligas Menores.

Lanzó durante 10 temporadas para los Angels, New York Yankees, Chicago White Sox y Milwaukee Brewers. Terminó con balance de 87-108, efectividad de 4.25 y 888 ponches.

En 1991 ganó 18 partidos y terminó tercero en la votación del premio Cy Young de la Liga Americana.

Sin embargo, su momento más inolvidable llegó el 4 de septiembre de 1993. Vestido con el uniforme de los Yankees, Jim Abbott lanzó un juego sin hits ni carreras contra los Cleveland Indians en el antiguo Yankee Stadium.

No fue solamente una historia inspiradora. Abbott fue un lanzador legítimo de Grandes Ligas que compitió durante una década contra los mejores bateadores del mundo.

Chad Bentz siguió el camino de Abbott

Chad Bentz, nacido el 5 de mayo de 1980 en Juneau, Alaska, también llegó al mundo sin la parte inferior de la mano derecha.

Bentz utilizó un sistema parecido al de Jim Abbott: lanzaba con la izquierda y cambiaba rápidamente el guante después de completar su movimiento hacia el plato.

Los dos llegaron a conocerse cuando Bentz era joven. Encontrar a una figura como Abbott le permitió comprobar que alcanzar las Grandes Ligas no era un sueño imposible.

Bentz debutó el 7 de abril de 2004 con los Montreal Expos, convirtiéndose en el segundo lanzador después de Abbott en llegar a MLB habiendo nacido sin la mano derecha.

También vistió el uniforme de los Florida Marlins. En total participó en 36 encuentros de Grandes Ligas, todos como relevista, y terminó con récord de 0-3 y efectividad de 5.86.

Su carrera en las Mayores fue breve, pero llegar hasta allí representó una hazaña extraordinaria. Años después continuó relacionado con el deporte trabajando como entrenador de pitcheo a nivel universitario.

Monty Stratton regresó después de perder una pierna

La carrera de Monty Stratton parecía destinada a ser muy especial.

El derecho lanzó cinco temporadas con los Chicago White Sox y comenzó a consolidarse como uno de los buenos abridores de la Liga Americana. Durante 1937 y 1938 ganó 15 partidos en temporadas consecutivas.

En noviembre de 1938, mientras cazaba en la propiedad de su familia, su pistola se disparó accidentalmente y la bala dañó gravemente su pierna derecha. Los médicos tuvieron que amputarla por encima de la rodilla.

Stratton tenía solamente 26 años y parecía que su carrera había terminado.

Pero se negó a aceptar aquel final.

Aprendió nuevamente a caminar con una prótesis y comenzó un largo proceso para regresar al montículo. En 1946, ocho años después del accidente, volvió al béisbol profesional con los Sherman Twins de la East Texas League.

Aquel año lanzó 218 entradas y terminó con balance de 18-8. Continuó participando en diferentes niveles de las Ligas Menores hasta comienzos de la década de 1950.

No consiguió regresar a las Grandes Ligas, pero sí logró algo que parecía imposible: volver a lanzar profesionalmente después de perder una pierna.

Su vida fue llevada al cine en 1949 mediante la película The Stratton Story, protagonizada por James Stewart.

Lou Brissie y una pierna reconstruida en la guerra

La historia de Lou Brissie es una total inspiración, tanto para las personas con discapacidades como para cualquiera que haya tenido que reconstruir su vida después de una tragedia.

Brissie se incorporó al ejército durante la Segunda Guerra Mundial. En diciembre de 1944, un proyectil de artillería explotó cerca de él durante un combate en Italia y destrozó la parte inferior de su pierna izquierda.

Los médicos consideraron amputarla, pero Brissie les rogó que intentaran salvarla porque soñaba con jugar béisbol profesional.

Después de aproximadamente dos años, numerosas operaciones y un doloroso proceso de rehabilitación, consiguió volver a lanzar utilizando un aparato ortopédico especial.

Brissie llegó a las Grandes Ligas en 1947 con los Philadelphia Athletics. En 1948 ganó 14 juegos y un año después fue seleccionado para el Juego de Estrellas de la Liga Americana.

Permaneció siete temporadas en MLB entre los Athletics y los Cleveland Indians. Terminó su carrera con 44 victorias y 436 ponches en 897 entradas y dos tercios.

Cada vez que subía al montículo tenía que soportar dolor y utilizar protección adicional en su pierna. Sin embargo, no solamente llegó a las Mayores: se convirtió en un lanzador All-Star.

Dummy Hoy, una estrella sorda del siglo XIX

Las discapacidades en la historia del béisbol no se limitaron a la pérdida de extremidades.

William Ellsworth “Dummy” Hoy perdió la audición después de sufrir meningitis cuando era niño. Aunque el apodo con el que fue conocido sería considerado ofensivo en la actualidad, en el siglo XIX era utilizado frecuentemente para referirse a personas sordas.

Hoy debutó en las Grandes Ligas en 1888 y permaneció 14 temporadas en el máximo nivel.

El jardinero central disputó 1,796 encuentros, conectó más de 2,000 imparables al incluir la American Association dentro de sus estadísticas de Grandes Ligas, anotó 1,429 carreras y se robó 596 bases según los registros históricos.

Medía aproximadamente 5 pies y 4 pulgadas, pero fue un excelente defensor y un corredor muy peligroso.

Se ha repetido durante años que Hoy fue responsable directo de la creación de las señales manuales utilizadas por los árbitros. No existen pruebas definitivas que permitan atribuirle individualmente esa invención. Sin embargo, sí está documentado que utilizaba señales para comunicarse con sus compañeros y entrenadores.

Su trayectoria demostró, desde los primeros años del béisbol profesional, que una persona sorda podía competir al máximo nivel.

Curtis Pride, talento, perseverancia y servicio

Otro jugador sordo que dejó una huella importante fue Curtis Pride.

Pride perdió la audición a causa de una enfermedad poco después de nacer. Antes de dedicarse completamente al béisbol también fue un destacado jugador de fútbol y representó a Estados Unidos en el Mundial Juvenil de 1985.

Debutó en MLB en 1993 y disputó partes de 11 temporadas con varios equipos, entre ellos los Montreal Expos, Detroit Tigers, Boston Red Sox, Atlanta Braves, New York Yankees y Los Angeles Angels.

En 1996 tuvo su mejor campaña con Detroit: bateó .300, conectó 10 cuadrangulares e impulsó 31 carreras.

Más adelante se convirtió en entrenador principal del programa de béisbol de Gallaudet University, institución especializada en la educación de personas sordas y con dificultades auditivas.

Su legado no se limitó a superar una barrera personal. Pride utilizó su experiencia para abrir caminos y ayudar a nuevas generaciones de atletas.

Mucho más que historias de superación

Pete Gray, Bert Shepard, Mordecai Brown, Jim Abbott, Chad Bentz, Monty Stratton, Lou Brissie, Dummy Hoy y Curtis Pride demostraron que una condición física no determina por sí sola hasta dónde puede llegar una persona.

Pero también es importante recordar algo: ninguno de ellos llegó a las Grandes Ligas solamente por inspirar a otros.

Llegaron porque tenían talento, porque trabajaron durante años, porque aprendieron a adaptarse y porque fueron capaces de competir contra algunos de los mejores atletas del mundo.

Cada uno desarrolló su propia solución. Gray aprendió a atrapar, quitarse el guante y lanzar con una misma mano. Abbott y Bentz perfeccionaron una transición casi instantánea después de soltar cada pitcheo. Brown transformó las características de su mano en un lanzamiento extraordinario. Shepard, Stratton y Brissie aprendieron a competir con prótesis, soportes ortopédicos y un enorme sacrificio físico.

Todos encontraron una manera.

Estas historias nos hacen pensar más allá del mundo de las bolas y los strikes. Nos recuerdan que cuando tenemos un plan y queremos alcanzar algo en la vida, debemos salir a luchar por ello.

Habrá momentos de dolor y situaciones que parezcan no tener solución. Pero estos peloteros demostraron que las circunstancias más difíciles no siempre tienen la última palabra.

Para Dios nada es imposible. Y en el béisbol, muchas veces, tampoco.

Como siempre nos vamos recordando la frase del Bambino: “El béisbol es y siempre será el deporte más lindo del mundo”.

Las estadísticas y detalles biográficos fueron contrastados con las investigaciones de SABR sobre Pete Gray y Bert Shepard, la ficha de Mordecai Brown en el Salón de la Fama y los registros oficiales de Jim Abbott en MLB.