El 2025 será recordado como el año en que los Rays hicieron del Steinbrenner Field su hogar. Fue una temporada marcada por lo inusual, calor extremo, lluvias inesperadas, viento cambiante y un ambiente que rompió con la rutina acostumbrada en el Tropicana Field.
Más que los resultados en el terreno, lo que definió este capítulo fueron las experiencias compartidas. Cada jugador, coach y miembro del staff vivió a su manera los retos y las ventajas de jugar en un escenario que, sin ser propio, se convirtió en refugio en un año lleno de adversidades.
El reto del clima y el ambiente del parque
Steinbrenner Field presentó condiciones que pusieron a prueba a todos. Christopher Morel lo explicó sin rodeos, “el clima, la lluvia y las pausas nos exigían estar siempre preparados. Fue un desafío que nos ayudó a crecer”.
Kevin Cash, acostumbrado a la estabilidad del Tropicana, resaltó las características del parque. “Ha habido jonrones que se han perdido en el gap del jardín izquierdo por el viento, y otros que salieron por las dimensiones. Pero así es este lugar, y los muchachos se adaptaron bien”.
Drew Rasmussen trató de darle un giro ligero a lo pesado de la experiencia, “el calor fue tal como lo esperábamos. Después de la segunda serie decidimos dejar de hablar del clima. Pero, más allá de eso, el estadio fue un anfitrión increíble y nos permitió competir al máximo nivel”.
Uno de los aspectos más valorados fue la proximidad con los fanáticos. Ryan Pepiot lo resumió con una sonrisa, “se sentía todo más cerca. La gente estaba justo encima del dugout animándonos. Fueron 10,000 personas por noche, pero hacían mucho ruido y nos hicieron sentir en casa”.
Brandon Lowe resaltó cómo, incluso en medio de lo atípico, la organización encontró formas de dar comodidad. “El clubhouse remodelado fue excelente. Ojalá algunas de esas ideas puedan aplicarse en el Tropicana. Nos dieron comodidad en medio de un año inusual”.
Ese contacto directo con el público y la sensación de “béisbol de antaño” fueron de los grandes aciertos de la temporada. La intimidad de un estadio más pequeño y la cercanía de la afición convirtieron cada juego en una experiencia especial.
Pero no todo fueron ventajas. Las altas temperaturas obligaron en ocasiones a cambios de uniforme en pleno juego, algo que Brandon Lowe y otros peloteros recordarán como anécdotas curiosas, pero agotadoras. Ryan Pepiot lo dejó claro, “hubo momentos muy calurosos, con uniformes cambiados a mitad de juego, pero lo importante es que dimos alegría a la ciudad después de la destrucción que ocurrió. Fue más grande que el béisbol”.
El viento, las pausas por lluvia y la logística de jugar en un estadio adaptado añadieron capas de dificultad. Aunque Steinbrenner Field ofreció cercanía, también demandó ajustes físicos y mentales que dejaron su huella en la temporada.
Anécdotas que quedan para el recuerdo
Entre los recuerdos más comentados estuvo la experiencia de los novatos como Chandler Simpson, quien vivió una racha que elevó su promedio de manera notable. Cash reconoció que la presión no lo detuvo, “pone tanta presión en la defensa con su velocidad y contacto, pero además está aprendiendo a batear líneas por todos lados”.
La juventud del equipo aportó frescura en medio de las dificultades, y Junior Caminero fue la prueba más clara. Con apenas 22 años, su ofensiva se convirtió en un motor constante para el club. Kevin Cash destacó su impacto, “lo que hace tan especial a Junior es que, más allá de su poder, nunca deja de competir. Esa actitud es lo que necesitamos en este clubhouse”
Para los veteranos, la temporada dejó aprendizajes y bromas internas sobre las inclemencias del tiempo. Rasmussen confesó que, tras varios intentos de “predecir” el clima, decidieron simplemente aceptarlo como parte del paquete Steinbrenner.
Un capítulo inolvidable
Al final, Steinbrenner Field se convirtió en mucho más que un escenario provisional. Fue un espacio donde los Rays encontraron cercanía con sus fanáticos, improvisaron comodidades, soportaron incomodidades y dejaron anécdotas que pasarán a la historia interna del club.
Ryan Pepiot lo definió con sencillez, “hicimos de este estadio un hogar. Y aunque estoy ansioso de volver al Tropicana, siempre recordaré este año como uno muy especial”.
La temporada 2025 probó la resiliencia de la franquicia y reforzó su vínculo con Tampa Bay. Entre lo positivo y lo negativo, Steinbrenner Field quedará como un recuerdo inolvidable de lo que significa adaptarse y mantener viva la esencia del béisbol.
